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Patrimonio Cultural de Ñuñoa

El domingo 31 de mayo, se realizará una  nueva versión  del  Día  del  Patrimonio Cultural.
En  esta  celebración nuestros monumentos emblemáticos abren  sus  puertas para  que  sean  visitados por  nuestros vecinos.
Esta  instancia ciudadana  es de gran  relevancia,  forma parte de  nuestras actividades,  debido al  conocimiento  que se  adquiere de   nuestra herencia cultural.
En  Ñuñoa   abriremos las  puertas de  la Casa de La  Cultura ,  la  Corporación Cultural de  Ñuñoa  y el  Edificio  Consistorial.
Desde  la 9:00   hasta  las  14:00 horas los  vecinos de  Ñuñoa  podrán  visitar estas emblemáticas casonas,  conocer su  historia y sus dependencias.

 

Un poco de historia

La casa García, inmueble que actualmente aloja a la Corporación Cultural de Ñuñoa. Fotografía M. Rojas, 2013

 

Agradecimientos a Fernando Javier Imas Brügmann y
Mario Rojas Torrejón por esta recopilación histórica. Para ver el texto completo visite Brügmann Restauradores.

“Ñuñoa ampara entre sus calles una historia riquísima que se remonta a antes de la llegada española, cuando los fértiles valles precordilleranos que bordeaban el río Mapocho eran habitados por pequeños grupos indígenas liderados por importantes caciques que hicieron prosperar la agricultura y minería de la zona.
Dentro de esos territorios destacaba una amplia área donde crecía el ñuño, -peculiar flor amarilla que cubría con su color las praderas- y que sirvió para denominar todo el sector con el vocablo mapungún Ñuñohue, o ‘tierra de ñuños’. Cuando los hispanos lograron someter el territorio, los antiguos poblados indígenas se convirtieron en encomiendas que dieron origen por su nombre a localidades de la zona metropolitana, como Macul, Vitacura, Tobalaba, Apoquindo y Peñalolén.
Flor de Ñuño (Sisyrinchium graminifolium). Drake,1836
Las encomiendas en el siglo XVII  habían sido reemplazadas por extensas chacras en manos de conocidos personajes de la aristocracia santiaguina, quienes lograron emprender pequeñas fábricas de manufacturas y hacer prosperar la agricultura, que nutría con sus variados productos los mercados de la capital.
El ir y venir de carretas de mercancías formó una ancha vía de comunicación que se conoció como el Camino de Ñuñohue (actual avenida Yrarrázaval), que se iniciaba en las inmediaciones de la calle Portugal y se perdía entre la agreste geografía de los cerros, convergiendo de vez en cuando con alguno de los numerosos callejones que conectaban las haciendas de la zona, muchos de los cuales darían origen posteriormente a conocidas calles de la comuna, como es el caso del callejón de Lo Aliaga (actual av. Villagra), Lo Cortese (actual Av. Egaña), y los caminos públicos de Lo Hermida, La Reina y Los Guindos de Ñuñoa; este último famoso también por albergar un pequeño poblado de quintas de recreo donde el alcohol, la música, el baile y la comida animaban las noches de los más aventureros bohemios de la capital.

Hacia el siglo XIX,  las inmediaciones del camino de Ñuñohue habían sido ocupados por modestas viviendas de lata o barro habitadas por canteros, agricultores o empleados de alguna de las fábricas o molinos con que contaban las numerosas haciendas del sector; las que además eran famosas entre las familias santiaguinas por sus cómodas casas patronales, ideales para pasar el caluroso verano.
La cada vez más creciente fama de Ñuñoa causó la llegada de cientos de personas – que lograron gracias a su esfuerzo- convertir los precarios rancheríos en un activo pueblo con abundante comercio, escuelas, una iglesia, servicios de correo, registro civil y diversos medios de transporte. En 1891 el Ministro del Interior José Manuel Yrarrázaval redacta la reforma de la “Comuna autónoma”, un decreto que daba autonomía administrativa, poder electoral y mayores facultades a las comunas del país. Valiéndose de este avance, diversos propietarios y habitantes que buscaban el reconocimiento e independencia de Ñuñohue logran que ese mismo año se firme el decreto que crea la Municipalidad de Ñuñoa, compuesta primitivamente por subdelegaciones rurales del sector sur y oriente de Santiago.
La amplitud del territorio de Ñuñoa se debía a la presencia de las numerosas propiedades agrícolas del sector, las que hacia 1895 comenzarán a lotearse para formar nuevas urbanizaciones. El crecimiento parece haber surgido desde el norte, cuando las chacras cercanas al río Mapocho dieron origen a poblaciones y conventos que comenzaron a extenderse hacia el sur, causando gran presión en los propietarios próximos al camino de Ñuñoa. La venta de las últimas hijuelas del viejo fundo Barainca dieron origen a la población del Salvador,  mientras que el loteo de la Chacra  Lo Gandarillas originó la población San José, donde se instalarán los Misioneros Pasionistas, constructores de la conocida iglesia de Santa Gemita. La extensa chacra de Lo Cañita (entre las actuales Yrarrázaval, San Eugenio, Eduardo Castillo y Pedro de Valdivia) fue donada por José Domingo Cañas a la Junta de Beneficencia con el compromiso de crear una nueva urbanización que se denominó Población Cañas.

Casa Ossa (Casa de La Cultura de Ñuñoa)

La casa Ossa, 2012. Imagen perteneciente al Flickr Joaquin Layseca.

Uno de sus principales legados fue la construcción en 1861 de una impresionante mansión campestre de dos niveles, cuya silueta recuerda la elegancia de la arquitectura inglesa colonial. El estilo se ve realzado al incorporar cinco bow-window, amplios corredores, terrazas y un mirador muy decorativo, desde donde era posible apreciar toda la chacra.
La casa Ossa, 2012. Imagen perteneciente al Flickr Joaquin Layseca.
El interior del inmueble se organiza en torno a un hall que cruza la planta de norte a sur, con pavimento de mármol blanco, muros con pilastras y una fantástica escalera principal de madera y fierro, rodeada de columnas corintias. El ala poniente se destinó a recibos de grandes dimensiones, un escritorio y la cocina; mientras que en el ala oriente se ubicó una salita y cinco dormitorios.  El segundo nivel tenía un pequeño hall, dos salas de baño y seis dormitorios, además de una pequeña escalera de caracol desde donde se accedía a la mansarda y el mirador.  La casa se rodeó de un hermoso parque, delineado con senderos, esculturas y “parterres”, incluyendo además una gran pileta de fierro de la firma francesa Val D’Osne decorada con figuras mitológicas, muy similar a otras presentes en algunas ciudades de América, como Tacna, Valparaíso y Buenos Aires. .
La hacienda alcanza su período de mayor esplendor cuando la adquiere en 1910 José Pedro Alessandri, que la re bautiza con el nombre de Santa Julia de Ñuñoa, en honor a su mujer Julia Altamirano, con quien tuvo cinco hijos. Consciente  de las posibilidades de la propiedad -en ese entonces de 305 hectáreas- comenzó un plan de modernización que incluyó la plantación de 60 hectáreas de árboles frutales, entre nogales, cerezos, perales, duraznos, damascos e higueras, siendo pionero en exportar fruta. También dedicó grandes extensiones al cultivo de flores de notable variedad y en cinco conservatorios de cristal, se criaban y reproducían plantas delicadas, como rosas y orquídeas, bajo la atenta mirada del experto Presson.

Planta de la casa Ossa antes de su remodelación. Diseño: Mario Rojas y Fernando Imas, Estudio Brügmann.2013

El resto de la hacienda tenía extensiones de alfalfa, árboles, 150 vacas, lechería, sembradíos de cereal y papas. “Santa Julia” era conocida también por proporcionar a sus inquilinos modernas casas construidas para la comodidad familiar, con amplios corredores, dormitorios y cocina. Materiales como el adobe, vigas de nogal, pisos entablados, pintura en los muros y ventanas con vidrios, se constituyeron como un ejemplo de vivienda inquilina, en una época donde los derechos sociales de los menos afortunados estaban aun en discusión.

Fachada principal de la Casa Ossa en 1915. Álbum de Santiago y Vistas de Chile, Jorge Walton- La casa Ossa el 2013, fotografía de los autores.

Dos valiosas pinturas europeas que representan la primavera y el otoño, decoran desde la época de la familia Ossa, el hall de la vieja casa. En él destaca además la escalera principal, de un tramo y luego dividida en dos, que conduce al segundo nivel. Fotografía de los autores, 2013.

La fachada posterior de la casa Ossa- Un detalle de la pileta central- Corredor lateral de la casa Ossa. Fotografía de los autores, 2013.

Alessandri loteó el sector sur poniente de la hacienda abriendo la avenida Macul (que hoy lleva su nombre) con la intención de formar una nueva población “la ciudad moderna, buscando buenos suelos, aire puro y aguas claras, se ha extendido en dirección al oriente y, debido a esta circunstancia y a las facilidades de transporte, se está formando Ñuñoa y, principalmente en la Grande Avenida de Macul, un futuro barrio sub-urbano de Santiago, con valiosos y confortables chalets de elegante arquitectura, ubicados en medio de jardines y parques del mejor buen gusto”. En: Urzúa, A. Chile Agrícola. Pág. 318
La casa principal quedó entonces inmersa entre las nuevas urbanizaciones de Ñuñoa, teniendo como frente la Avenida Yrarrázaval. Era visitada constantemente por personalidades políticas, sobre todo después de que Arturo Alessandri, hermano del propietario, asumiera como Presidente en 1920. Los salones, entre ellos uno de inspiración china, fueron escenario de grandes recepciones y  alegres reuniones familiares en los meses de verano hasta 1952, cuando la sucesión lotea los terrenos colindantes y dona la propiedad a la Municipalidad de Ñuñoa, quien la destina como Casa de Cultura y Biblioteca Municipal, labor que cumple exitosamente hasta hoy.

Palacio García (Corporación Cultural de Ñuñoa)

Las villas Enrique y Pilar, en la avenida de las Palmeras de Sevilla, fueron obras ejecutadas por el arquitecto español Juan Talavera Heredia en 1922; guardan especial similitud con la casa García de Santiago de Chile y otras villas más pequeñas en las inmediaciones de la Plaza Ñuñoa. Fotografía en: http://www.sevillasigloxx.com/2008/08/villa-enrique-y-villa-pilar.html – y M Rojas, 2007

Un poco más al oriente, en un extenso paño en la esquina de calle Ortúzar, se construirá otra mansión historicista que hasta el día de hoy es admirada por su encantadora prestancia. La obra fue construida por los conocidos arquitectos Rigoberto Correa y Esteban Barbieri, atendiendo el encargo que hiciera don Joaquín García Carro, un prestigioso comerciante de origen español, dueño junto a su hermano Severino, de la emblemática tienda Los Gobelinos, una de las más exclusivas de Santiago.
Entre los años 1925 y 1931 se extendieron los trabajos para levantar una singular mansión que siguió los lineamientos del denominado “estilo sevillano”, impuesto en España a principios del siglo XX por el arquitecto Juan Talavera Heredia, quien se hizo conocido por reinterpretar la estética neo barroca impregnándole una fuerte tendencia andaluza.
La villa sevillana de Talavera está presente en la silueta de esta casa de Ñuñoa, cuya sobria fachada es decorada por vitrales, herrería, azulejos y un infaltable torreón mirador.
El inmueble está rodeado de un hermoso parque, con viejos árboles y una infinidad de elementos decorativos, como piletas, un pozo, jarrones y asientos de concreto, todos decorados con finos azulejos traídos de España.
El acceso se hace por un pórtico al poniente del edificio, donde una puerta avitralada permite ingresar a un ancho pasillo que desemboca en un hall cuadrado, con columnas y un juego de desniveles, que permite distribuir mediante corredores, las distintas estancias de la mansión. Al poniente un baño decorado con finos azulejos aun se conserva casi intacto, así como también el viejo escritorio, enmaderado completamente. Un remate curvo hacia el norte resguarda la caja de escalera, con gradas de mármol blanco e iluminada por un colorido vitral modernista fabricado por Enzo Dell’Orto. Hacia el sur, la fina herrería de una verja permite ingresar a un saloncito neogótico enmaderado a media altura, realzado por una decorativa chimenea de piedra verde y fino mobiliario.

El exterior del inmueble guarda similitud con la tendencia andaluza de vivienda rural, de fondo blanco y decorada con profusión de herrerías y azulejos. El parque de la casa García tiene piletas, senderos, escaños y pozos, todos decorados con azulejos traídos de España. Fotografías de los autores, 2013.

La arquitectura exterior de la casa García mezcla la tendencia andaluza de Talavera Heredia reflejada en los corredores y torre ; con guiños modernistas presentes en el remate curvo de la caja de la escalera. Fotografías de los autores, 2013.

La casa se desarrolla hacia el oriente a través de una luminosa galería con puertas hacia el corredor exterior e ingreso al salón principal: un espacio de grandes dimensiones, ornamentado por yesería neoclásica y pilastras, rematado al norte por un bow-window con vitrales; que resguarda aun la prestancia de sus mejores años.
La galería sirve de acceso también a la zona de servicio en el subterráneo, cocinas, despensa y una escalera secundaria. Al fondo, una gran puerta da paso al antiguo Comedor, que sorprende aun por el hermoso trabajo de tallado de sus paneles neo renacentistas, la decorativa yesería del cielo, una consola de mármol italiano empotrada y el remate curvo de la sala, iluminada por grandes vitrales.

Joaquín García junto a sus nietos. Archivos CCÑ

Contiguo al comedor se encuentra el viejo Jardín de invierno de la mansión, una sala rectangular con columnas y muros que imitan el delicado trabajo del treillage francés. Es este espacio un tranquilo vergel, donde seguramente el señor García sintió más cerca la frescura de los viejos patios andaluces, entre helechos y plantas, que vibraban al son del agua que brotaba desde una fina pileta con azulejos,  la misma que hoy yace árida e inerte por años de desuso.
El último salón es de grandes dimensiones, está decorado por un enmaderado a media altura de tonos oscuros, el mismo que envuelve las gruesas cornisas de yeso que tanta solemnidad otorgan a la que fuera presumiblemente la sala de billar de la casa. Los vitrales de algunas ventanas dejan ver el parque, y una puerta discreta permite salir a la terraza principal, en cuyo centro se ubica una gran pileta.
El segundo nivel estaba destinado a los dormitorios, departamentos privados, baños y salitas, además del acceso a la torre, desde donde se obtenía una vista completa de la incipiente comuna de Ñuñoa, en ese entonces rodeada de chacras y sembradíos; y hoy cercada por altos edificios de departamentos, que se aproximan peligrosamente a este inmueble histórico, que pertenece a la Municipalidad de Ñuñoa desde que la familia García lo vendiera en 1966.
Fue ocupado entonces para la realización de los actos solemnes del Municipio, y desde 1988 funciona en ella la Corporación Cultural de Ñuñoa, importante entidad que imparte cursos, talleres y mantiene una agitada agenda que recoge los más significativos aportes del mundo artístico para entregárselos de forma gratuita a todos los ñuñoinos.”

Los naranjos del jardín recuerdan esa época apacible de la antigua Ñuñoa que hoy no existe. – El hall y la caja de la escalera con los vitrales de la casa Dell’Orto, son uno de los espacios más atractivos de esta residencia. Fotografías de los autores, 2013.

El salón principal es un espacio de grandes dimensiones, decorado profusamente y que aun conserva algunos de los elementos ornamentales originales. Fotografías de los autores, 2013.

Los vitrales del Comedor también fueron hechos por la casa Dell’Orto, su colorido ilumina la sala que sorprende por el cuidado en el manejo de los detalles ornamentales. Fotografías de los autores, 2013.

El Jardín de invierno está unido al Comedor a través de una ventana con herrería. Sus muros que imitan el treillage, están decorados además con herrería y azulejos, incluida una llamativa pileta de mármol y bronce. Fotografías de los autores, 2013.

Mario Rojas y Fernando Imas, Estudio Brügmann. 2013

 

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